En ocasiones tendemos puentes de esperanza, que nos invitan a avanzar en el sorprendente camino de la vida y, en otras, son puentes que nos muestran el «no retorno».

Unos y otros son como las paradas de una estación, en el que, cada tren, sigue un sentido único.

Optamos por permanecer en él observando el paisaje que se desdibuja a medida que proseguimos el camino y, en otras, decidimos apearnos para tomar un respiro desde la perspectiva de la quietud.

Nada que se haya andado, nada que se haya roto, nada que se haya perdido, podrá ser jamás desandado, soldado o encontrado en su forma original…

A veces, las noches oscuras del alma, son necesarias e inevitables.

Puentes, caminos, vida.